miércoles, 14 de marzo de 2007

TIC-TAC

"Relojes... nunca son suficientes, modelos, colores, formales, elegantes, infantiles, extravagantes y hasta los que no marchan según los patrones establecidos. Me enloquecen los relojes, nunca son suficientes, ya tengo una gran colección y todos los uso, aunque tengo mis preferidos. Algunas personas dicen que sólo basta con tener un reloj, después de todo es sólo un instrumento para ver la hora, pero yo no opino lo mismo. Para mí es un accesorio que refleja mi estado anímico y va de acuerdo a la ropa que me coloco cada día. Cada vez que paso cerca de una joyería me quedo pegada en la vitrina de los relojes, hipnotizada con sus tic-tacs, son todos tan hermosos, no me puedo decidir, hasta que miro más detalladamente y veo que uno captura mi atención y acabo comprándolo convenciéndome de que lo necesito.
Y a oscuras en la habitación me embriago con el coro de tic-tacs, mi mente divaga anhelando que su monótono cantar me dedique su concierto. Inevitablemente las manecillas marcan el avance del silencio y mi tic-tac interno dice que cada vez está más cerca.
Todos mis relojes podrían darme más tiempo, quizás si los junto todos acumule más horas, sí.... necesito más relojes.
Un día en mi búsqueda de relojes encontré una tienda que no había visitado, no la recordaba aunque su aspecto era bastante curioso, olía a incienso y una cítara lejana me guió hacia ella, un tintineo de campanitas anunció mi llegada, un atento vendedor olor a sándalo me sonrió y preguntó si podía ayudarme. No sabía qué contestar, no sabía que motivo me había hecho entrar a aquella tienda.
-Busco relojes –contesté y me sorprendí a mí misma al poder articular una frase a pesar de mi confusión.
-Creo que llegó al lugar indicado –dijo sin dejar de sonreír- me ha llegado uno especial que creo que le interesará.
Acabó la frase y sacó una cajita aterciopelada de color rojo y en su interior había un reloj de plata, delicado, con números romanos en un fondo negro azulado, parecían estrellas en un fondo de noche. Delgado, sin detalles ni adornos, elegante, quedé prendada de su hermosura.
-Es una pieza única –dijo el vendedor- funciona a cuerda, fue hecho en Suiza por lo que es exacto, jamás se atrasa ni se adelanta, también es kinético si lo mantiene siempre puesto no es necesario darle cuerda y el precio es conveniente, todo está rebajado por la inauguración.
-Me lo llevo –dije repentinamente- envuélvamelo para regalo –siempre me ha gustado hacerme regalos y aquel era muy bonito.
Salí de la tienda sin mirar atrás, no me acuerdo siquiera cuánto pagué o si realmente lo hice, sólo estaba desesperada por llegar a casa y abrir mi regalo.
Finalmente llegué. Mi regalo tan importante necesitaba una ceremonia especial para abrirlo. Por lo que primero que nada me di un baño con sales aromáticas y me vestí de gala, me maquillé y perfumé para la ocasión. Me serví una copa de vino y me senté en el sillón, en la mesita de centro reposaba el paquetito, dejé la copa en la mesa y lo puse sobre mi regazo, quité con cuidado los lazos, el papel hasta llegar a la cajita de terciopelo rojo, la abrí lentamente y por fin apareció ante mis ojos aquella maravillosa pieza de joyería, lo tomé con ceremonial cuidado, ajusté la hora, le di cuerda y lo puse en mi muñeca izquierda con la cara del reloj hacia el antebrazo, cercano a mis venas, donde su frágil tic-tac armonizaba con mis latidos. Me quedé contemplándolo por horas hasta que me convencí de ir a dormir. Según el ritual me desmaquillé, me puse el pijama y me quité las joyas para ir a la cama, pero cuando quise quitarme el reloj no pude, lucía tan bien en mi mano, así que por primera vez dormí sin quitarme el reloj, aquel dulce tic-tac veló mis sueños.
Y no sé que ocurrió pero no pude dejar de usar aquel reloj, desde que lo compré se convirtió en mi favorito y sólo me lo quitaba para bañarme para evitar dañar su fina maquinaria, mis otros relojes quedaron olvidados en sus respectivas cajitas sobre mi tocador entonando una nostálgica y celosa melodía de tic-tacs.
Y comenzó a pasar el tiempo al compás de las manecillas de mi plateado reloj y yo seguí admirándolo como aquel primer día, usándolo a diario, dándole cuerda periódicamente y los cuidados que necesita una pieza de joyería. Pasaron los años y comencé a darme cuenta de que no envejecía, el paso del tiempo no tenía efecto en mí, al comienzo creí que se debía a que yo llevaba una vida saludable y me cuidaba con cremas para retardar el envejecimiento, pero siguieron pasando los años y yo continuaba estancada en los veinticinco años.
Mis amigos comenzaron a preguntarme cómo me mantenía tan joven y yo respondía que hacía ejercicio en forma regular y me alimentaba bien, pero luego esa excusa ya no fue suficiente, mi apariencia no estaba de acuerdo con mi edad y debí distanciarme de quienes me conocían para no verme en la obligación de responder sus preguntas.
Siguió pasando el tiempo y debí mudarme de ciudad, lejos de quienes me conocían ya que mi falta de envejecimiento era demasiado notoria.
Quise volver a la tienda donde compré el reloj y no pude hallarla, no encontré antecedentes de ella en ninguna parte, era como si no hubiese existido.
Comencé a vagar por distintos lugares, cambiando de identidad para no llamar la atención y así llevo casi ochenta años viviendo errante sin quedarme demasiado tiempo en ningún lugar, para que nadie note que los años no se detienen en mí.
Sigo dándole cuerda y cuidados constantes al reloj, tengo miedo de que si algo le sucede, también me suceda a mí, creo que de algún modo estamos conectados. No sé cuanto tiempo realmente siga así, luciendo como una joven de veinticinco años cuando en realidad tengo más de cien, a veces me gustaría que esto acabase y poder envejecer junto a alguien, sin tener que vivir errante, pero tengo miedo que este encantamiento se desvanezca..."




Historia tomada de "Fragmentos de vidas"
Autor: Ishel
Derechos Reservados

8 comentarios:

Roselio Camacho dijo...

hay rituales en la vida para llamarlo de algun modo, que nos impregnan de energia positiva
por ejemplo descansar en la cama de mis padres me llena de energia y de paz. Al igual el color azul me llena de vida.

Besos y abrazos.
Querida amiga.

Juan de la Cruz Olariaga dijo...

Ishell: Primera vez en tu blog, me encantó me atrapó tu texto desde el comienzo al final, tu narrativa te va llevando de la mano, me gustó y mucho, pasaré seguido. Gracias por tu visita y te dejo dos besos.

Miriam Jaramillo dijo...

Gracias por visitarme,Me encanta tu forma de escribir.Volvere a leerte.Felicidades.Miriam

Ishel dijo...

Agradezco el apoyo y las visitas a mi blog.
Besos y abrazos amigos escritores.

Maximiliano Rafael dijo...

creo q esta lectura te describe en cierta manera...de exo todas son un reflejo de ti...mas bien de las multiples isas...acaso eres un dorian q en vez de cuadro tienes un reloj...pero a dorian la pintura envejecia con el paso del tiempo...pero el reloj te brinda mas y mas de el tiempo q el controla, manipula o porq no? el mismo crea...el tiempo avanza segun cada uno...no es el mismo para ti q para mi...pero esto puede verse reflejado en el espejo del rostro????????????

o.0?

Fulbio Pèrez dijo...

No hay reloj que de vuelta hacía atras.

Gracias por la visita, espero no nos perdamos en alguna parte del camino.

Besos, versos y abrazos.

Joel Langarika dijo...

pero que maravilla de blog! gracias a tu visita, pude dar con tu espacio. agradecido de màs! un saludo enorme. joel

Allan dijo...

Hola, buenos escritos